Bajo Chiquito el poblado indÃgena que vive el hacinamiento de la migración
Los pobladores de Bajo Chiquito, en medio del Tapón del Darién viven entre el vaivén de la migración que ha crecido desde el 2022, una comunidad originaria, ancestral donde cambió el quehacer de la agricultura diaria por el comercio y servicios, para atender a los flujos de migrantes irregulares que llegan al distrito de Cémaco, en la comarca Emberá-Wounaan.
 En Bajo Chiquito los motores de las piraguas comienzan a andar desde las 5:00 de la mañana hasta las cinco de la tarde, son cientos de migrantes aguardando en la cabecera del rÃo Tuquesa, llamada Come Gallina. Es la ruta al salir de la selva por el afluente y llegar al primer control migratorio panameño, una reserva indÃgena que no sobrepasa los 300 habitantes, custodiada por el Servicio Nacional de Fronteras, dos fiscales y funcionarios de Migración.
Hay dÃas como los del mes de agosto en que la afluencia migratoria irregular es de 2 mil a 2,500 personas diarias en el pueblo; las cifras indican que 320 mil personas han ingresado este año a Panamá por las trochas para seguir la ruta hacia Norteamérica.
¿Cuál es el costo real que está teniendo el paÃs por facilitar una migración ordenada y garantizar los derechos humanos de haitianos, venezolanos, ecuatorianos, chinos y personas de otras nacionalidades, que lo han arriesgado todo por cruzar a como dé lugar el Darién?  La organización Médicos Sin Fronteras (MSF) localizados en las Estaciones Temporales de Migrantes de Lajas Blancas y San Vicente, han descrito la situación como una alerta “de las condiciones inadecuadas en protección, higiene y acceso a servicios básicos.
Los flujos migratorios expuestos al cambio climático, a las altas temperaturas que alcanzan los 30 grados o las intensas lluvias, han sobrepasado cinco veces más la cantidad de personas entre enero a mayo de 2023, al mismo perodo del año pasado.
Mientras en poblados como Bajo Chiquito no hay agua potable, ni luz eléctrica y los rÃos de la zona están contaminados por los desechos que se dejan al paso de la migración, las autoridades señalan que los dineros para atender la crisis son insuficientes y que han costado aproximadamente 60 millones de dólares la atención de los migrantes.
La ruta nada digna, donde los actores criminales se aprovechan de la vulnerabilidad de los migrantes al robarles, extorsionarlos, abusarlos y dejarlos a su suerte, también deja otros riesgos sanitarios y geográficos expone MSF, señalando los casos de ahogamientos, fracturas, enfermedades gástricas y de la piel.
Mientras en Bajo Chiquito el bullicio sigue a flor de piel, la gente caminando por estrechas veredas de cemento, los migrantes buscan una solución para seguir su peregrinar, con el apoyo de amigos y familias. La realidad es que son pocas las posibilidades que el pueblo originario pueda avanzar con el apoyo económico del Estado, en fortalecer las condiciones de vida, de su sistema sanitario, necesidades básicas de agua, luz, puentes de acceso y medicinas, en el que solo una nueva forma de vida mantiene a flote a los hombres, mujeres y niños emberá que allà viven con otras culturas y efectos sociales.
La autora es estudiante de periodismo


