Indefensión Aprendida o Resignación: Una visión del ciudadano Colonense desde la Psicología Social
La provincia de Colón, otrora conocida como la “tacita de oro”, ha sido considerada como la segunda en importancia para el país debido a los aportes económicos con los que contribuye al desarrollo del país. El hecho de que en la ciudad de Colón se encuentre la segunda Zona Libre de importancia en el mundo, la terminal atlántica del Canal de Panamá, más de 3 puertos de contenedores y otros proyectos de envergadura como la planta de gas y yacimientos de cobre, han hecho de Colón un objetivo estratégico para la sostenibilidad económica del país.
Es necesario destacar lo que indica el censo de población y vivienda (INEC 2010): “el ciudadano colonense presenta una mayor formación académica universitaria, a excepción de la provincia de Panamá”, es decir, existe mayor cantidad de colonenses estudiando en las aulas universitarias, en comparación a lo que sucede en otras provincias.
Al parecer, así como desde la época colonial se concibió a la ciudad de Colón como un punto estratégico para el intercambio de mercancías, bienes y servicios; en la actualidad, esta actividad comercial sigue cobrando relevancia debido al impacto económico que representa para las arcas del Estado. Es impresionante el proceso logístico que se desarrolla en Colón, la interacción entre actividad portuaria y marítima, movimientos ferroviarios y la posibilidad de trasladarse de la costa del Atlántico hacia la costa del Pacífico y viceversa. Es uno de los principales indicadores de los aportes económicos que desde Colón se hace al producto interno bruto del país.
No obstante, existe un contraste entre el desarrollo económico de la región y el desarrollo humano de los ciudadanos que residen en la provincia, y particularmente en la ciudad de Colón. Los niveles de desempleo combinados con una infraestructura habitacional destruida y descuidada por los años, aguas negras en medio de las zonas residenciales, la desidia de las autoridades locales y el poco hacer y falta de compromiso de las autoridades nacionales ponen de manifiesto el abandono en que viven sumergida la ciudad de Colón y la imperiosa necesidad de que se adopten medidas que permitan embonar los indicadores del desarrollo social de las personas junto con los indicadores del desarrollo financiero que se genera en la provincia.
Al considerar los factores que forman parte de esta situación negativa por la que atraviesa la ciudad de Colón, la ecuación parece complicarse cuando se valora la actitud y la disposición que en los últimos años ha demostrado el colonense. Es tanta la desconfianza en los planteamientos de los políticos, la decepción por la inacción de las autoridades, el desinterés del colonense en su propio desarrollo y mejora en su calidad de vida, que da la impresión de que su conducta se ha impregnado de una resignación generalizada o lo que los psicólogos llamarían: indefensión aprendida.
Como señaló Seligman (1975): “la indefensión aprendida es una condición psicológica, de un ser humano o animal, que aprendió a inhibirse ante situaciones adversas, manteniendo un estado de pasividad aun cuando las condiciones cambian y pueden generar una respuesta de lucha o huida. En la indefensión aprendida se expone al sujeto a estímulos incontrolables, generalmente aversivos, y se examina su comportamiento posterior”. Las investigaciones de Seligman ponen de manifiesto que hay un momento en el cual los individuos se dan por vencido, no luchan por cambiar las condiciones, aceptan pasivamente la incapacidad de cambiar las condiciones adversas y se limitan a vivir bajo los efectos de estas condiciones negativas, y no aspiran, ni tienen expectativas de que las cosas puedan ser diferentes o mejores.
Esta teoría de indefensión aprendida parece ser el modelo de conducta de algunos ciudadanos de la ciudad de Colón, para los cuales es normal que existan altos niveles de desempleo, que haya un problema carencia o de hacinamiento habitacional, que no haya suministro de agua potable, y que la delincuencia tenga secuestrada algunos sectores o que se viva en el temor de ser víctima de la delincuencia. Algunos colonenses parece que se han resignado a que no se puede hacer nada para cambiar el entorno o su calidad de vida, han perdido la motivación, el interés o las expectativas de encontrar soluciones positivas a la problemática social en que viven.
Esta actitud que han adoptado algunos adultos se está convirtiendo en un patrón de conducta de los menores de edad, quienes por ser receptores e imitadores de la conducta observada en los adultos, reflejan en su comportamiento las mismas señales de indefensión aprendida. Este patrón de comportamiento es producto de lo señalado por Bandura en su teoría de aprendizaje por observación: “el aprendizaje observacional parece jugar un rol importante en lo que a formación de actitudes se refiere” (Bandura, 1997). Sin que seamos conscientes de ello, los niños están adoptando actitudes que a la larga se convierten en indicadores de la indefensión aprendida. Muy bien señala Ajzen (1989): “la actitud no es directamente observable, es una variable latente, que es inferida de ciertas respuestas mensurables y que refleja una evaluación negativa o positiva del objeto de la actitud”. Como se puede colegir, las personas actúan con base en la indefensión aprendida, es decir, en el pensamiento y la actitud de darle importancia a la incapacidad de lograr cambios significativos para sí mismo y para su entorno.
Para algunos sociólogos e investigadores (R. Leis, G. Toro), posterior al año 1989 empezó el descalabro en la economía particular del colonense, el nivel de desempleo empezó a incrementarse y el abandono al mantenimiento de los servicios públicos era obvio, había problemas en el suministro de los servicios de salud y de educación, hubo una crisis en la construcción de viviendas de interés social, el coste de la canasta básica aumentó y también se incrementaron los indicadores de delincuencia y de infracción a las leyes. Con este panorama, el ciudadano colonense empezó a resignarse y sus hijos (hoy día adultos) copiaron este mismo patrón de conducta.
Los estudios realizados por Seligman y otros (1979) los llevaron a proponer el diseño triádico, en el cual se identificaba un patrón de comportamiento, que incluía tres efectos relevantes: déficit motivacional, déficit cognitivo y déficit emocional. Estos tres efectos conducían a una imposibilidad de tener control sobre el entorno, miedo y depresión. Múltiples han sido los señalamientos que dejan de relieve que el colonense se ha resignado, es decir, se conduce bajo la visión de la indefensión aprendida, por lo que considera que no vale la pena esforzarse por obtener cambios, porque estos serán infructuosos.
Desde la psicología social es importante realizar acciones de intervención con los ciudadanos colonenses, para ir produciendo un cambio de actitud que genere cambios positivos; se debe desaprender la indefensión, identificar las causas de la misma, tomar conciencia sobre el papel activo que se debe tener ante la búsqueda de soluciones a los problemas sociales, también se requiere el compromiso y la participación de las autoridades para que el desarrollo económico de la provincia vaya de la mano con el desarrollo humano.
Los especialistas en Psicología del Aprendizaje han coincidido en señalar: “una fuente importante de las actitudes es el aprendizaje social, por medio de la interacción social y el aprendizaje observacional” (Bandura, 1997). Entiéndase que el debilitamiento de la actitud de derrota y de resignación, y el desarrollo de un nuevo patrón de conducta frente a la indefensión aprendida, dependerá de un cambio de actitud que se debe producir en los individuos, principalmente en los menores de edad, debido a su implicación en el sostenimiento o no de comportamientos que impacten positivamente a su entorno social.
¿Resignación o indefensión aprendida? el colonense que ha experimentado la época de bonanza y que también ha vivido en carne propia el deterioro social puede decir si su actitud es de derrota y resignación, solo el colonense puede indicar si está viviendo de acuerdo a los criterios de la teoría de indefensión aprendida; sin embargo, no se puede solo vivir bajo este modelo, sino que es necesario que se empiecen a gestionar planes y programas que coadyuven al desarrollo humano de forma sostenida de las personas que residen en la ciudad de Colón.
El autor es Psicólogo y Docente Universitario


