La Masacre de Albrook: el día que casi cambia nuestra historia
1989 fue el año que casi cambia la historia de toda una nación. El país estaba en crisis y el régimen que lo lideraba era el culpable. El General Manuel Antonio Noriega, jefe de Estado, comandaba bajo una férrea represión, lo que estaba llevando a Panamá, al borde de un precipicio.
El “Hombre Fuerte” se había convertido en el enemigo #1 de los Estados Unidos lo que provocó la insatisfacción del pueblo panameño e incluso, dentro de sus filas se hizo evidente, un descontento que se venía gestando sobre todo dentro de los rangos medios desde hacía ya un tiempo.
Estados Unidos, muy pendiente al desarrollo de los hechos y las acciones tomadas por su exempleado -Noriega era informante de la CIA bajo la dirección de George W. Bush- adoptó sanciones diplomáticas y económicas dentro del marco de las relaciones con Panamá.
Panamá era una bomba de tiempo
Dichas medidas incluían: la suspensión de los pagos de derechos del Canal de Panamá y la congelación de las cuentas bancarias a nombre del Gobierno de Panamá en bancos estadounidenses. Esta decisión repercutió en la población en general sin importar estatus social y/o económico. Todos se vieron afectados, lo que incitó a la incertidumbre y la aprehensión general, palpable hasta en el ambiente. La tensión inundaba las calles.
El descontento era evidente, pero el miedo lo era aún más.
No había dinero, por lo tanto, no se pagaban los salarios. Se cobraba si acaso $75.00 dólares, si eras de los afortunados, y se daban bonos para la comida. Los ánimos estaban muy caldeados y la oposición al régimen cada vez se tiraba a las calles con más fuerza y así mismo, respondía el aparato represivo estatal y una cuarta más.
Represiones a civiles, detenciones ilegales, censura, persecuciones, asesinatos, violaciones continuas a los derechos humanos, torturas era lo que estaba en el menú casi diario de los panameños. Se vivía con mucho pavor.
Estos factores fueron el prefacio al fallido golpe de Estado presidido por el Mayor Moisés Giroldi Vera, jefe de la Brigada Urracá, aquel funesto 3 de octubre.
Antesala al Golpe
“Mi papá siempre fue una persona de principios, tenía sus fallas como todo el mundo, pero siempre fue honesto y él veía las riquezas que estaban adquiriendo ciertos oficiales, sobre todo los que estaban alrededor de Noriega, el círculo 0 de Noriega, privilegios extremos” así lo declaró Javier Tejada, hijo del desaparecido Capitán León Tejada.
De acuerdo con sus declaraciones y al testimonio de un ex jefe de Marina, al que llamaremos Pepe, los rangos medios estaban bastante incómodos por el enriquecimiento exclusivo de los más allegados al General.
Irónicamente, dentro de ese círculo íntimo, inicialmente, estaba Giroldi, quien sofocó la primera intentona golpista, el 16 de marzo de 1988, en aquel entonces, liderada por el coronel Leonidas Macías. En reconocimiento, el padrino de uno de sus hijos, el General, lo asciende a Mayor.
Cabe destacar, que después de la intentona golpista del 88, Noriega fue mucho más cauteloso. Se vio obligado a decretar nuevos ascensos y traslados. Era otra oportunidad para que continuara rodeándose de sus más allegados tanto oficiales como suboficiales. Y la llevó a cabo en detrimento de otros oficiales de carrera, postergando a oficiales de mayor antigüedad servicios y aun designando para algunos ascensos a gente no diplomada en academias militares.
Tales distribuciones disgustaron a muchos miembros del ejército panameño, que eran aspirantes legítimos para mejorar de posición. Por ello, la rebelión recluta sus miembros en el nivel de capitanes, tenientes y subtenientes, de modo principal en cuanto al número de jefes que actuarían.
¿Qué cambió en Giroldi?
Mucho se ha especulado al respecto. La insatisfacción o de las tropas se debía en sí a los ascensos que realizaba Noriega sin respetar el orden del escalafón militar ni el tiempo de antigüedad. Además, la crisis en la que estaba sumergido el país fueron detonantes suficientes para que el Mayor Giroldi cambiara de opinión.
En una entrevista realizada por el New York Times publicada el 12 de octubre de 1989, Adela Bonilla de Giroldi explicó que su esposo actuó "disgustado por la corrupción de altos oficiales y la miseria de los soldados que no pueden alimentar a sus propias familias".
El golpe empieza a planearse en el mes de abril, cuando un grupo de tropas escogidas de las Fuerzas de Defensa panameñas, al mando del teniente coronel Aquilino Sieiro, cuñado de Noriega, fue enviado a Namibia (mayor Agustín de Gracia, capitán Juan Arza, capitán León Tejada y otros oficiales, varios de los cuales fueron después ejecutados al fracasar la rebelión) como parte de un contingente de las Naciones Unidas, encargado de observar los arreglos de independencia de aquel país.
Contrario a lo que aseveraron ciertas autoridades estadounidenses, el golpe de estado fue muy bien orquestado.
No obstante…
Uno de los militares panameños, el mayor Felipe Camargo, Subjefe del G-2 (Inteligencia Militar), tuvo conocimiento de que en Panamá se estaba fecundando una trama para remover a Noriega de la Comandancia del ejército, por lo que Camargo decidió regresar a Panamá, sin autorización de su superior en Namibia, con el preciso objetivo de advertir a Noriega, cosa que Camargo ha confirmado parcialmente en declaración judicial rendida muchos meses después, en lo relativo al viaje a Namibia y que regresó a Panamá, "sin autorización, por lo que fue dado de baja".
La autora es Estudiante de Periodismo


