Son las Meninas Universitarias Presa del Sugar Daddys: Una aclaración necesaria
El hombre no está preocupado por los problemas reales como sus ansiedades imaginadas sobre los problemas reales (Epíteto)
En un diario de la localidad, aparece un artículo de opinión que sin desparpajo despotrica contra todos los docentes de las universidades oficiales y, sobre todo, los que en el escrito denominan como “sexagenarios”, “como los responsables de “un nuevo estilo de seducción” hacia estudiantes y docentes universitarias muy jóvenes en el cual los protagonistas son profesores varones sexagenarios que buscan una “nueva relación sentimental” de la mano de estudiantes y profesoras bisoñas que reúnen atributos físicos que estos magister y doctores andan buscando” (cita textual), y en ese discurrir malsano incluye al sexo opuesto, endilgándole un rol de meretriz y a los estudiantes de alcahuete. Tal aseveración temeraria e irrespetuosa, me trae a la memoria, lo que en la Sagrada Escritura en MATEO 12:34 “Nuestras palabras revelan lo que hay en el corazón. Porque de la abundancia del corazón habla nuestra boca”.
Posterior, a la lectura, se remarca la afirmación de que, en las universidades del Estado panameño, el “acoso sexual” es de vieja data, nos permite correlacionar, lo que un colega de la universidad señala al comentar que “la ignorancia es un derecho” que toda persona tiene. Sin embargo, desde mi andamiaje cognitivo, no así la “ignorancia atrevida” con aseveraciones cargadas de morbosidad, soberbia, arrogancias no fundamentadas, para alegremente generalizarlas a todas las universidades oficiales, y en especial, a los docentes jubilados activos, como gestores de un “nuevo estilo de seducción”. A las “profesoras bisoñas” con atributos físicos (desvalora a todas las mujeres (docentes y estudiantes) de las universidades oficiales, como objetos de seducción sexual comercial y muestra un desconocimiento de los atributos intelectuales que han hecho merecedoras para ser parte de la comunidad educativa de las cinco universidades oficiales).
Deja, entrever, que, en los claustros universitarios, se vive una situación de acoso generalizado, en donde las féminas producto de su baja autoestima, según el autor del artículo, padecen del síndrome de presa de caza. Los cazadores furtivos, los sugar daddys sexagenarios, profesan y practican una nueva tendencia del acoso sexual soportado, por su condición económica favorable que disfruta, como decía Carl Jung Todo depende de cómo veamos las cosas y no como son en sí mismo
Por lo tanto, se puede decir que:
- Una primera precisión conceptual, es la de concebir por acosoa la acción de acosar. Es decir, perseguir, con empeño y ardor, sin darle tregua al reposo, a una persona o animal.
- Segunda precisión que maquiavélicamente expone el autor del escrito, y es la de clarificar, que el acoso no es una situación exclusiva de genero sea hombre o mujer, sino más bien, por agresores con jerarquías superiores.
- Tercera precisión, probablemente, el autor del escrito, obvio que, en todo proceso del conocimiento para universalizar una postura, necesariamente, debe ser objeto de un estudio que debe cumplir con principios científicos. En el escenario académico universitario, los supuestos o posibles situaciones deben cumplir rigurosamente con la validación
¿En qué evidencias se sustenta el escrito para afirmar que todos los docentes de las universidades estatales “los sexagenarios”, son acosadores? Esta afirmación, conlleva a colegir si se cuentan con datos cuantitativos o cualitativos que sustentan tal afirmación.
Las conquistas laborales y gremialistas con los que cuentan todos los docentes de universidades estatales, al poder contar con estabilidad laboral y que, según lo escrito en el artículo, el que todos los docentes cuentan con un jugoso salario, afirma como válido que esos derechos ganados llevan a los docentes universitarios de las universidades oficiales a “localizar, perseguir y seducir a las muchedumbres femeninas quienes son objetos de muchas ofertas no decentes”. (cita textual del escrito).
Esta afirmación, no hace más que reafirmar “el machismo del autor del escrito que califico como el “sugar daddy” que es de vieja data” y una clara evidencia del desconocimiento que posee sobre los estudiantes que concurren a nuestras universidades, ataviados con mucha dignidad y autoestima que, por su propia condición, tienen muy presente que todas las instituciones de formación universitaria cuentan con normas que penalizan comportamientos no académicos.
Las instituciones de educación universitaria al igual que cualquier otro sistema oficial o privado, no está exenta de situaciones de acoso sexual y no por ello, todos los docentes de universidades estatales, hemos sido sancionados según el escrito por estar “localizando, persiguiendo y seduciendo a las muchedumbres femeninas”. (cita textual del escrito) Eso sólo puede concitar en una mente perversa y enferma.
¡¡Demuestre!! con pruebas válidas y no con contenidos temerarios y tendenciosos que sólo incrementan en aquellas mentes ingenuas, “virus mentales” que conllevan a minimizar los grandes aportes que históricamente las universidades estatales, le han brindado al desarrollo del país, con la participación de profesionales de la docencia universitaria, al conocimiento científico y tecnológico.
La clara intención del artículo del “Sugar Daddys, lo que busca es la de intimidar y menoscabar como una expresión de violencia mediática contra los docentes de las universidades estatales. El grado de “ignorancia atrevida” evidenciada, permite percibir una de las tantas frustraciones y es posible por no ser parte de ningún sistema de educación universitaria estatal.
Ensañarse según el contenido del artículo, en contra de docentes “sexagenarios”, es tener una clara obstrucción del valor agregado que supone en su inmensa mayoría esos profesionales de la docencia universitaria. El conjunto de afirmaciones generalizada hacia las universidades estatales permite suponer, que la referencialidad social, cultural y educativo del autor del escrito, se gesta en un limitado entorno morboso, disfrazado de una mente emancipada.
Afirmar y calificar la labor de las universidades estatales del país para ocultar aparentemente las reales intenciones de enfilar sus proyectiles o dardos pusilánimes al objetivo jerárquico-político de una determinada universidad, además de mostrar claras intenciones de inmiscuirse en la vida privada, cuestiona el derecho que tiene todo ser humano de reorganizar su vida sentimental.
No quiero ni debo asumir una mente toxica, al pensar que al final del escrito, todo el veneno se ensaña contra una relación emocional-sentimental, de la cual posiblemente “sugar daddys” se encuentre “huérfano” y por resentimiento, enfila un ataque a todas las universidades estatales y a los docentes sexagenarios.
Intentar encubrir toda la parafernalia de ataque a todos los docentes de universidades estatales para culminar su escrito con un claro mensaje, de la vida íntima de cualquier funcionario, es una conducta deleznable. ¿Por qué no se tiene la valentía de dirigir los pretextos de un escuálido concepto “sugar daddys a su real objetivo jerárquico político y se cobija bajo el manto de la despotricación contra todos los docentes de las universidades estatales?
El supuesto “sugar daddys” como le he venido demostrando, no es más que “la inconsistencia hormonal” de un frustrado personaje que acosa con su generalización carente de todo fundamento racional, que, al no poder ser parte de un claustro universitario, emerge con afirmaciones que no son más que la misma carencia conceptual de lo que escribió sobre las universidades estatales y su comunidad docente.
Los autores son Docentes de la Universidad de Panamá


