Watergate, 50 años del caso que puso en el mapa al Periodismo de Investigación
Han pasado 50 años desde aquel 17 de junio de 1972 cuando un allanamiento al complejo de oficinas del Watergate en Washington D. C., sede del Comité Nacional del Partido Demócrata de Estados Unidos, dio lugar a la investigación periodística más importante de los Estados Unidos.
La rigurosidad investigativa de los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein, provocó la dimisión presidencial de Richard Nixon y convirtió el periodismo de investigación en el referente de la prensa escrita. Por ello, conocer la historia de cómo dos periodistas novatos que con su trabajo duro, meticuloso y comprometido con la verdad, pudieron estremecer los cimientos de la Casa Blanca, es sin lugar a dudas, un motivo de inspiración para cualquier periodista.
El Watergate es un monumento a la investigación periodística, la madre de todos los escándalos políticos. Es la bisagra que abrió la puerta al “nuevo periodismo”, esa labor profunda, sesuda y rigurosa que hizo de la investigación un mito que logró inspirar a facultades de periodismo, literatos y a la industria del cine.
Hoy a 50 años del escándalo que cambió la historia política de la primera potencia del mundo. Es importante rescatar las enseñanzas que nos dejó este acontecimiento, pues, sin duda el Wateregate puso en evidencia la importancia y el rol que pueden jugar los medios de comunicación en la consolidación de la democracia e institucionalidad de cualquier país.
A medio siglo del escándalo debemos reflexionar sobre cuál es nuestro papel frente a la sociedad. Una sociedad que demanda periodistas capaces, comprometidos, sagaces en la búsqueda de la verdad, imparciales, objetivos y dispuestos a enfrentar las elites sin miedo ni cortapisas. Estos principios deontológicos están bien claros y definidos en el actuar y conducta desplegada por Bob Woodward y Carl Bernstein, durante el desarrollo periodístico de lo que fue el Watergate.
Ahora bien, más allá de conocer la historia de Bob Woodward y Carl Bernstein, el caso Watergate lo que nos enseña es que el periodista como generador de opinión, debe comprender cuál es su verdadero rol frente a la sociedad. Todo periodista debe estar firmemente convencido de su compromiso ineludible con la verdad y en ese sentido creo que es propicia la oportunidad para citar una de mis frases “Los periodistas están casados con la verdad y ante tan solemne acto, la infidelidad es inadmisible”.
Para poner en contexto, el caso Watergate es el mayor escándalo político de los Estados Unidos. Su descubrimiento dejó en evidencia el entramado de allanamientos ilegales, escuchas telefónicas, obstrucción de documentos gubernamentales, falsificación de documentos del Departamento de Estado, manejo de fondos secretos, obstrucción de justicia, venganza y sabotaje a las oficinas del Partido Demócrata ubicadas en el Edificio Watergate. Todas estas operaciones fueron orquestadas y llevadas a cabo por funcionarios cercanos al presidente Richard Nixon.
La labor periodística de Bob Woodward y Carl Bernstein, les valió el premio Pulitzer, máximo galardón del periodismo estadounidense y convirtió el Watergate en un caso emblemático, porque por primera vez, después de 200 años de vida republicana, caía un presidente en Estados Unidos con las manos en la masa. Pero además, dejó también muchas enseñanzas a los periodistas de la nueva era de la comunicación.
El primer aspecto a resaltar es el trabajo arduo que demostraron estos dos periodistas. Fueron más de dos años de incansables jornadas de trabajo investigativo, tanto en la redacción del Washington Post como fuera de él. Esto nos demuestra que el periodismo de investigación es aquel que no mira el reloj, no está sujeto a un tiempo determinado y su propósito es llegar a la verdad.
El Watergate nos enseña que la idea no es dar a conocer una noticia de forma apresurada o inmediata, sino que es importante presentarla de la mejor manera, tal y como lo dijo el propio Gabriel García Márquez… “"La mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor".
Aprendimos que un error no es el fracaso, sino la oportunidad de replantear y hacerlo mejor. Y es que Bob Woodward y Carl Bernstein estuvieron a punto de tirar por la borda el éxito del Watergate al publicar una noticia que no había sido confirmada.
El trabajo tuvo un leve revés que puso en duda la credibilidad del Washington Post, pero un error no debe desenfocarnos del objetivo. En palabras del ex director del Washington Post, Ben Bradlee,…”Uno puede equivocarse al principio, pero hay que ir acercándose lo máximo posible a la verdad, hay que acercarse más el segundo día y más el tercer día”
Otro aspecto importante que nos deja el caso Watergate es el principio del respeto y protección a la fuente. Sabemos que el llamado “Garganta profunda”, un agente del FBI que luego se convertiría en la figura más memorable del caso, fue la fuente que guió a los dos periodistas, a través del intrincado laberinto de actividades encubiertas de la campaña de reelección del presidente Nixon.
Llama poderosamente la atención que tanto Bob Woodward como Carl Bernstein, prometieron no citar la fuente, ni siquiera como anónima y lo cumplieron. Tanto fue el compromiso de reserva que ni siquiera sus esposas en la intimidad de la pareja supieron quien era Garganta profunda.
El respeto a la confidencialidad y reserva de la fuente es el principal principio periodístico que nos dejó el trabajo investigativo del Watergate. Fue el secreto mejor guardado, no fue revelado por los periodistas, sino mucho tiempo después cuando el mismo William Mark Felt (Garganta profunda) dio la autorización a los dos periodistas para que confirmaran que él era la persona que los ayudó a seguir la ruta del dinero que finalmente los llevó hasta los “Hombres del presidente”.
No hay duda que el caso Watergate puso en el mapa al periodismo de investigación, logrando que lo que antes era una casualidad, hoy sea una bandera que da prestigio e identidad. La investigación profunda fue, ha sido y seguirá siendo la vía para encontrar y develar la verdad de los hechos.
El autor es abogado y estudiante de Periodismo de la Facultad de Comunicación Social UP.


