Covid-19, Vivencias de una crisis
La aparición de un nuevo virus en el continente asiático pasó desapercibido para muchos. La noticia no representaba mayor interés en el mundo más que para los residentes de Wuhan, un centro comercial de la provincia de Hubei considerado como el centro político, económico, comercial, financiero, cultural y educativo de la zona central de la República Popular de China.
Fue el 31 de diciembre del 2019 cuando la noticia fue notificada al mundo por las autoridades sanitarias de Wuhan. Aquel anuncio generó expectativa y mucha incertidumbre en China, más no en el resto del mundo que afanosamente y entre celebraciones, se disponía a despedir el año viejo para dar la bienvenida al año 2020.
El nuevo año hizo su entrada triunfal y con él muchos sueños y anhelos se ponían en marcha. Algunos hicieron planes para un nuevo proyecto o negocio, otros alistaron maletas para esas vacaciones soñadas; uno que otro planificó su economía y hasta se preparó para la llegada de un nuevo miembro a la familia.
No juego a ser adivino, pero es casi seguro que al inicio de la pandemia a la mayoría de los panameños le preocupaban otras cosas y no precisamente la aparición de un nuevo virus. Quizás al panameño de a pie le robaba más el sueño un amor no correspondido, la salud, pagar a tiempo los servicios públicos, cumplir con los compromisos bancarios, la escuela de los niños o sobrevivir con un salario mínimo que no alcanza ni para la canasta básica.
Lo cierto es que para la gran mayoría de los citadinos como yo, aquellos primeros días de pandemia transcurrían entre el afán que produce la jornada de trabajo y el congestionamiento vial. No obstante, ese enemigo invisible que parecía estar distante, pronto llegaría al país, tocaría a mi puerta, la de mi familia, amigos y algunos conocidos.
Así fueron transcurriendo los meses de enero y febrero del año 2020. Los rumores de que el virus llamado ahora por la OMS como Sars-Covid 2 o Covid-19 se acercaba sigilosamente a nuestro país, eran cada vez más frecuentes.
Al reflexionar me di cuenta que era cuestión de tiempo su llegada al ser Panamá un país de tránsito, con fronteras muy permeables y controles sanitarios deficientes. La aparición del “bicho” como secularmente le apodaban, era inminente.
Fue iluso pensar que algo que apareció en el “quinto del mundo” como decía mi abuelo…tocara suelo panameño sin darnos cuenta y nos pusiera la vida o el mundo de cabeza. Incluso, que llegara y nos robara la posibilidad de reunirnos, de compartir, de abrazarnos, de sonreír, y es que hasta la bella sonrisa de todos se ocultó detrás de un tapaboca.
Los medios panameños se hicieron eco de la aparición del primer caso de Covid-19 en Panamá. La noticia desató una avalancha de personas que abarrotaron farmacias y supermercados en busca de artículos como el cloro, los desinfectantes, gel alcoholado, papel higiénico, alcohol y hasta el Bayrum llegó a escasear. Otros llevaban también alcohol para beber, decían que era necesario desinfectarse por dentro y por fuera.
Recuerdo que fue un 9 de marzo de 2020 cuando el caos se apoderó del país. Aquel día apenas alcancé a llegar a tiempo a la tienda de un asiático para comprar el último frasco de alcohol que había en el anaquel. Desde entonces, aquel destilado líquido se convirtió en el producto más buscado y el de mayor demanda.
Los meses siguientes se convirtieron en días de angustia e incertidumbre. Los casos aumentaban y las muertes eran cada vez más frecuentes. Era casi religión para mí esperar las conferencias de prensa a las seis de la tarde, era importante como ciudadano y futuro periodista estar enterado; sin embargo, lo que realmente quería era cerrar mis ojos y pensar que todo se trataba de una pesadilla y que al abrir mis ojos; todo volvería a la normalidad.
Lo cierto es que en la intimidad de nuestros hogares aprendimos a racionar la comida, a ser disciplinados a la hora de salir de compras o al supermercado. Otros cultivaron el hábito de la lectura, descubrieron talentos artísticos y culinarios.
Ahora bien, lo que sí fue positivo para el planeta es que mientras nos las ingeniamos para vencer el ocio, los animales se apoderaron de las calles y avenidas, la capa de ozono respiró libre de CO2 y otros gases contaminantes. El mundo tomó un respiro y tras una breve pausa, al fin le dimos calor a nuestros hogares y tiempo a la familia.
Nunca imaginé que la vida nos cambiaría de la noche a la mañana, jamás pensé que extrañaría salir, así sea al parque. Las restricciones de movilidad me dieron lecciones para cuidar el preciado derecho a la libertad. Incluso, el retorno a la universidad después de dos años en la virtualidad, me llenó de la misma alegría que sentí el primer día de clases en primaria.
La vacunación abrió la llave para un nuevo comienzo, el virus sigue acechando pero se debilita gracias a que aprendimos a modificar patrones de conducta, horarios; a elevar nuestra cultura de higiene, valorar la salud, el trabajo y el tiempo en familia.
Del virus Covid-19 aprendimos a tomar conciencia sobre los daños causados al planeta. Y tambien aprendimos que pese al momento difícil, no hay virus que pueda con el amor, la empatía y la solidaridad humana.
El autor es abogado y estudiante de Periodismo en la Facultad de Comunicación Social UP.


