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El fin del petróleo barato

Por: Itzel Araúz | Publicado el: 02 mayo 2022



En Panamá estamos viviendo el alto costo del petróleo. Como único responsable, los medios occidentales señalan la guerra de Rusia contra Ucrania. Como sabemos, después de todo, muchos de los conflictos que se han dado en las últimas décadas, mantienen cierta relación con el control de las principales reservas de petróleo y gas de la tierra. La humanidad globalizada existe gracias al petróleo. Son petróleo los plásticos, parte de la ropa y tecnología que utilizamos; la gasolina que mueve los camiones que transportan nuestros alimentos; buena parte de los pesticidas y herbicidas que protegen nuestra comida… Vamos que, ¡hasta la suela de nuestros zapatos es petróleo!

El hombre moderno mantiene una obstinada dependencia por este recurso. Un recurso que al fin y al cabo termina siendo finito. Más complejo de extraer de lo que muchos piensan. La humanidad previa a su descubrimiento apenas superaba los 500 millones de habitantes. Esta cifra se multiplicó por trece en apenas dos siglos de uso. Ante una necesidad que crece cada vez más y más, no es de extrañar que ahora resulte tan difícil equilibrar la oferta con la demanda. Ante tanta molestia por el alza, la pregunta es, ¿siquiera nos hemos planteado qué pasará el día que ya no quede más petróleo?

Para algunos no existe más que llegar a una gasolinera y llenar el tanque de su auto. En ningún momento nos detenemos a reflexionar, ¿qué haremos cuando no quede más?

En el 2007, la Agencia Internacional de Energía presentó un informe en el que aseguraba que, en los últimos 30 años, el mundo ha encontrado menos petróleo del que ha consumido. Sin embargo, no resulta ser la primera vez que se expresan este tipo de “advertencias”. El Cenit Petrolero es el nombre que se da al pico en la producción de petróleo a nivel global. En 1950, el físico y geólogo norteamericano, Marion Hubbert, se refirió a este fenómeno por primera vez. En varias de sus investigaciones, constató que la producción mundial de petróleo declinaría en algún momento y la repentina escasez de crudo supondría el fin del petróleo barato.

Hubbert se refería al “techo de extracción”. Cuando los yacimientos llegan al máximo de su explotación y la producción empieza a decaer. Hasta el momento, lo que se ha producido es el petróleo fácil y barato de extraer. El crudo que se encuentra cerca de la superficie. Al ser más liviano resulta mucho más fácil de refinar y supone un menor costo para la empresa extractiva, y por supuesto, esto es lo que mayormente se busca.

Para algunos países el “cenit” o “pico petrolero” es una realidad. Estados Unidos, por ejemplo, alcanzó el máximo de su producción en 1970 y desde entonces, ha pasado de ser exportador, ha ser uno de los mayores importadores de petróleo del mundo. Depende de la compra a otros países, puesto que, se posiciona como uno de los territorios que más petróleo consume con un 25% del consumo mundial. No obstante, se suele decir que quedan reservas de petróleo para treinta o cuarenta años más. Esto tiende a hacernos creer que hasta el año 2040 o 2050 no debemos preocuparnos.

Se ignora el creciente ritmo de consumo y la variedad de limitantes en el proceso de extracción. Es importante aclarar que está el petróleo convencional y el “no convencional”. Y este último es en el que mayormente se basan a la hora de hablar de nuevos yacimientos petroleros. Al decir “no convencional” hablamos del petróleo que reposa bajo el lecho marino; el crudo ártico, y el alquitrán que se extrae de las arenas bituminosas de Canadá o el Medio Oriente… Todos responden a un mayor costo de extracción debido a la cantidad de maquinaria, agua y energía que requiere llevar el producto al mercado.

En los últimos años, se han intensificado los esfuerzos a favor de alternativas energéticas que puedan atenuar el problema de la escasez de petróleo, y el aumento de los costos de inversión para la explotación de estos nuevos yacimientos. Y, a menudo, estas “otras” energías se justifican bajo el argumento de ser una respuesta a la crisis climática. Pero, para muchos, el desarrollo de energía a base de hidrocarburos está lejos de ser sustituida. Aún así, la pregunta fundamental es, ¿nos estamos quedando sin petróleo?

Es frecuente que, por lo general, la teoría del Cenit Petrolero se evalúe (y descarte) tomando en cuenta las reservas que ni siquiera se han comenzado a explotar. Esto con frecuencia lleva a que se subestime un problema que, según expertos, podría tomarnos por sorpresa. Adicional a esto, aun si al planeta le sobran yacimientos de petróleo, resulta imposible comenzar a explotar de forma inmediata cualquiera de estos. Cada reserva requiere de entre seis a diez años de evaluación para determinar las áreas de perforación, extracción y demás. La demanda mundial no parece estar dispuesta a esperar tanto, sabiendo que cada día se requiere de más energía para alimentar nuestra obstinada dependencia.

Aun así, como indica Henri Prevot (2007) en su libro Demasiado Petróleo, a estas alturas: “puede que la atmósfera se nos acabe antes que el petróleo”. Y aunque este no se agote, cada nuevo yacimiento requerirá de técnicas cada vez más excéntricas para ser explotado, y así, poco a poco, acabamos con nosotros mismos.

La autora es Estudiante de Periodismo

 

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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