Educar para la libertad
Para el filósofo y escritor José Ramón Ayllón, la libertad es el arte de escoger correctamente. Más allá de la tacita reflexión que exige encontrarnos ante dos caminos diferentes, para Ayllón ser libre implica ser capaz de evaluar, y por consiguiente, descartar, escenarios posibles en nuestra vida. Como decir que, quien conoce, decide y quien decide, evita.
En nuestro sistema, se nos enseña que la democracia representa la soberanía del pueblo; nuestro derecho a innato a elegir como individuos por un bien colectivo. La UNESCO señala que, a pesar de su importancia, el concepto “democracia” muchas veces se encuentra sujeto a una definición abstracta, inalcanzable, e incluso, incomprensible. Sin embargo, algo exacto dentro de su definición, es que mantiene una estrecha relación con el concepto de libertad.
En consecuencia, la sociedad que hoy tenemos, y que tanto conflicto nos genera, es resultado del grado de libertad que disponemos. Y si partimos desde aquí, el conocimiento es la base para construir individuos y sociedades verdaderamente libres.
Hasta ahora, cabe preguntarnos: en un Estado que se enaltece de vivir en democracia, pero que, en efecto, no ha prestado las herramientas necesarias para vivir una libertad plena, ¿podemos decir que somos libres?, ¿podemos estar seguros de haber sido educados para decidir?
Dentro de una sociedad donde la educación impone y aparta al individuo del razonamiento, la ignorancia se abre paso. Solo puede ser libre un ser que conoce bien el peso de sus decisiones; quien es capaz de reflexionar y pensar de forma crítica ante las situaciones más simples o complejas de la vida.
Para educar la libertad se debe invitar al individuo a cuestionarse. A explorar antecedentes; opinar desde la lógica. Se necesita dar paso a la creatividad, incitar a la investigación y el dominio de diversas áreas.
¿Cuántos de los daños que hoy aquejan a nuestro país se habrían evitado de haber cultivado antes una sociedad pensante? Una sociedad donde se piensa a largo plazo y donde cada persona posee las herramientas necesarias para elegir con lucidez.
Hablar de corrupción, impunidad, resignación e indiferencia, es también hablar de ignorancia y nula libertad. La ignorancia abona el terreno donde acontecen la mayor parte de las desgracias humanas y es el mayor obstáculo dentro de una democracia.
La democracia funciona bien solo en un pueblo educado e instruido. Con herramientas y voluntad. Si no se educa para la libertad, nunca elegiremos correcto.
La autora es Estudiante de Periodismo


