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Impunidad: los riesgos de normalizar la corrupción

Por: Itzel Arauz | Publicado el: 27 abril 2022



Latinoamérica es una de las regiones del mundo con mayor índice de impunidad. En el 2020, un estudio por parte de la Universidad de las Américas Puebla determinó que, Honduras, Guatemala, México y Paraguay encabezaban la lista como los países con mayor impunidad. Seguidos por Colombia, Chile, Perú y Panamá. Países donde los sistemas de justicias de alguna forma se han visto afectados por el alto grado de corrupción, y la nula voluntad política por parte de los gobiernos de la región.

Como consecuencia, los valores y principios dentro de la sociedad, poco a poco se han ido simplificando. Haciendo que seamos cada vez más proclives a normalizar los actos de corrupción y hacerlos parte de nuestro diario vivir. Sin embargo, es importante comprender que se trata de un tema que va más allá de la ausencia de castigos por parte de los sistemas de justicia. La impunidad repercute en cada una de las áreas de nuestra vida. Bajo el halo de la indiferencia, se acogen toda clase de injusticias.

Según Rousseau, un Estado comienza a desmoronarse desde el momento en que el pueblo comienza a volverse indiferente. El instante en el que, como individuos, descartamos nuestra postura social innata, y observamos, como en una especie de disociación, el desorden que hay frente a nosotros. En este sentido, la resignación, más allá de suponer abandono, divide. Y se expresa en el enojo, la tristeza y la violenta carrera de todos los días.

Salir y escuchar a más a uno maldecir las acciones del otro es el resultado de una frustración social que muchas veces ignoramos. Nos convertimos en aquella ciudad en la que, aún existiendo líneas de seguridad, no descartas la posibilidad de que alguien, indiferente, deje ir su carro contra ti mientras cruzas la calle. Donde el robo  de algo "menor" comienza  a tener justificación, y otras acciones mayores, empiezan a ser vistas como normales.

En una sociedad donde permanece la ausencia de justicia se desarrolla la sensación de que todo da lo mismo. Sumado al hecho de ver a los "individuos de poder" evadir las leyes como si nada, se alimenta esa idea de que ya no existen reglas. "Si él lo hace, ¿por qué yo no?" De forma inconsciente se engendra esa convicción de que realmente no hay nada más que hacer y comenzamos a hacer de nuestras propias desgracias un chiste.

Panamá mantiene un largo y sinuoso historial de impunidad del que desgraciadamente nos hemos ido acostumbrando. Desde los años de dictadura, al igual que en otras regiones latinoamericanas, nos hemos amañado al silencio. La búsqueda de justicia se ha visto estigmatizada, siendo que, mucho antes de emprender el camino hacia ella, se llega a la conclusión de que al final no se conseguirá nada. Así, no queda más salida que “resignarse”.

No obstante, la falta de justicia por parte del sistema no es más que una fracción de todo el problema que engloba la impunidad. Combatir contra esta problemática que hoy nos hace ver todo por encima del hombro y olvidar, es eso: luchar contra la indiferencia social. En una sociedad donde todas las vías legales parecen bloqueadas, reconocer lo que sucede y condenarlo, es el primer acto significativo de justicia.

La autora es Estudiante de Periodismo

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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