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La doble moral de los medios de comunicación

Por: Itzel Araúz | Publicado el: 22 abril 2022



En las últimas semanas, una iniciativa que busca reforzar el derecho réplica, ha vuelto a despertar el debate sobre el grado de poder que mantienen los medios de comunicación. La misma tensión generada ya en otras instancias, ha puesto sobre la mesa temas como la libertad de prensa, expresión e información. Los gremios han saltado en defensa de estos derechos vitales en el libre ejercicio del periodismo, pero, ¿es posible custodiar algo que siempre se ha visto vulnerado?

Se dice que la primera obligación de todo periodismo es el de ser y permanecer libre. Sin embargo, en la actualidad, el periodista se ve condicionado y el valor de su trabajo es reducido a la de una simple función comercial. ¿Qué tan lejos ha llegado esto? y, ¿hasta qué punto el monopolio de un medio, o de varios medios, ponen en peligro la libertad?

Peter Hamilton del World Street Journal, decía: "Un periódico es una empresa privada que no le debe nada al público (...) Es propiedad de su dueño, quien vende un producto manufacturado bajo su propio riesgo". La sociedad muchas veces ignora lo que esto conlleva.

Dentro del campo de la sociología, la teoría del Interaccionismo Simbólico responde a aquella forma particular en la que el individuo se ve afectado por la comunicación. Es decir, el modo en que los diferentes mensajes y estímulos a los que nos vemos expuestos configuran la visión que mantenemos de la "realidad".

La censura, o la construcción de agendas basadas en decisiones privadas sobre lo que se debe y lo que no se debe publicar, son factores que conllevan a una distorsión de la realidad. En este sentido, cabe preguntarnos, ¿hasta que punto los medios de comunicación vulneran el imaginario colectivo?

Theodore Peterson, en 1956, resumió de la siguiente forma lo que son los siete defectos más comunes de la prensa moderna:

  1. Los medios de comunicación utilizan su enorme poder para sus propios fines. Sus dueños han propagado sus propias opiniones en materia política y económica, a expensas de periodistas y presentadores que muchas veces se ven obligados a expresar aquello que se les indica.
  2. Permiten que los anunciantes controlen sus contenidos editoriales. Se han subordinado a las grandes empresas, funcionando más como relacionistas públicos que como centros de información.
  3. Patrocinan y lucran de hechos que muchas veces transgreden los derechos humanos. Se han resistido al cambio social, y muestran la indignación y protesta colectiva como tópicos de rebeldía e insensatez, sin ahondar demasiado en las distintas problemáticas que llevan a tales escenarios.
  4. Prestan más atención a lo superficial y sensacional.
  5. Han puesto en peligro la moral publica, minimizando hechos, lucrando de la violencia.
  6. Han violentado el derecho a la intimidad de las personas. La prensa rosa, cada vez más común, aborda temas relacionados a la infidelidad, el sexo, o las decisiones personales de figuras que de ninguna forma impactan sobre el quehacer político y social.
  7. Se mantienen controlados por una sola clase socioeconómica. Libremente descrita como la clase del negocio que dificulta el acceso de gente nueva al periodismo, con lo cual pone en peligro el libre y abierto mercado de las ideas.

Peterson, consideraba estos defectos como “los 7 pecados capitales” de los medios de comunicación, y la similitud con aquello que tanto conflicto genera en el presente, preocupa.

Detrás de la apertura de las agendas informativas, en las que muchas veces se opacan otros temas, donde se presenta al público una sociedad de caos, violencia, muerte y perversión, se desarrolla una dinámica que de forma consciente o inconsciente repercute en la visión y conducta de cada individuo.

En este sentido, el periodista no juega más que un papel de subordinación, en el que la moral y la sencilla conciencia, desaparecen. La promesa de preservar la ética de la profesión, se convierte en no más que una falacia que no permite avanzar a aquellos que no piensan con "cabeza fría".

Puesto que, en estos tiempos, vender va más allá de la verdad, establecer limites y regular el funcionamiento de los medios NO significa que se esté vulnerando el derecho a la libertad de expresión. Más si tomamos en cuenta que este principio es el que más se violenta dentro de estas empresas, resultan incongruente escudarse tras argumentos sobre la defensa a los principios éticos de la profesión.

No existe ética sin libertad.

La autora es estudiante de Periodismo

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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