Economía Conductual: Mezcla de Economía Ortodoxa y Psicología
El paradigma ortodoxo o neoclásico ha sido el modelo utilizado por la mayoría de los países con economía capitalista para implementar su política económica, a partir de la primera mitad del siglo XX. Este modelo parte de la premisa de que un agente económico, individuo o empresa, es un ser racional, capaz de aprender de sus errores de forma sistemática. Pero ¿qué significa que un agente económico sea racional? En la teoría económica neoclásica, un individuo u organización que participa en cualquier parte de la actividad económica toma decisiones racionales cuando maximiza su satisfacción y logra beneficios máximos o minimiza su insatisfacción o sus costos económicos.
Entre los atributos de ese ser racional o Homo Economicus se encuentran una racionalidad ilimitada, una voluntad y un egoísmo ilimitados. Herbert Simon, Premio Nobel 1978, ya había objetado el primer atributo de la racionalidad ilimitada en 1955. El supuesto de que un individuo posee capacidades ilimitadas en el procesamiento de la información no es real porque en la práctica los agentes económicos enfrentan limitaciones mentales y de tiempo para resolver problemas complicados, óptimamente. De aquí acotó el término racionalidad limitada (“bounded rationality”). Para superar estas restricciones, el agente económico emplea heurísticos o reglas empíricas, que le ayudan a tomar decisiones económicas y financieras sin mucha profundización sobre las consecuencias posibles.
Con respecto a la voluntad ilimitada, el agente económico puede tener problemas de autocontrol como es el caso de la procrastinación, dejar para mañana lo que puede hacer hoy. Y, el egoísmo ilimitado también es cuestionado por el éxito que han tenido las campañas de recolección de fondos (e.g. la Teletón 2030). Los individuos son altruistas y no buscan su interés personal, solamente.
La Economía Conductual o del comportamiento es una disciplina relativamente reciente, cuya germinación inicia con los estudios de Daniel Kahneman y Amos Tversky publicados en su ensayo en 1979: Teoría de las Perspectivas: un análisis de las decisiones bajo riesgo. La Teoría de las Perspectivas, conocida también como la teoría de la aversión a las pérdidas, sostiene que en situaciones de incertidumbre sobre los resultados de un evento tenemos la tendencia de escoger las compensaciones seguras que las probables, no obstante, el valor de las primeras sea menor.
El individuo tiende a evitar una pérdida que la de obtener una ganancia por el mismo importe, lo cual se conoce como aversión a las pérdidas. Por ejemplo, se observa en la gráfica que $100 de ganancias poseen un valor psicológico menor que una pérdida de $100. Es decir, duele más perder que la felicidad de ganar el mismo importe. Este hallazgo es de gran utilidad para una política pública más efectiva. Por ejemplo, cualquier proyecto de infraestructura que desplace a las familias de su lugar de residencia, éstas deben ser indemnizadas por el doble del valor catastral de sus viviendas como una forma de aminorar la pérdida de bienestar. Otro ejemplo, desde el ángulo social, sucede cuando en un matrimonio la mujer soporta el maltrato del hombre, a lo cual ella justifica irracionalmente diciendo “por el bien de los hijos” o “me pega, pero me quiere” y, por tanto, no se divorcia.
La Economía Conductual alcanzó la cima en el siglo XXI, primero, con el otorgamiento del premio Nobel de Economía 2002 a Daniel Kahneman, primer no economista en ganar este galardón, compartido con Vernon Smith, economista experimental, por haber integrado elementos de la investigación psicológica en la teoría económica relacionados con la toma de decisiones bajo riesgo e incertidumbre. Posteriormente, a Richard Thaler, economista, le fue otorgado el premio Nobel de Economía 2017 por sus contribuciones al desarrollo de la Economía Conductual durante las últimas cuatro décadas. Thaler creó un puente entre la ciencia económica y la psicología evidenciando que no siempre las decisiones económicas y financieras se fundamentan en la racionalidad económica, ya que factores emocionales influyen en las mismas. Entre sus aportes, Thaler acuña el término de contabilidad mental. Ésta se refiere a los diferentes valores que un individuo le asigna subjetivamente a la misma cantidad de dinero, muchas veces con resultados negativos.
La contabilidad mental conduce a decisiones financieras irracionales, como tener una tarjeta de crédito con un balance y tasa de interés elevados mientras mantiene una cuenta de ahorro con saldo similar, pero que obtiene una baja tasa de interés. Otro ejemplo es cuando un inversionista invierte en dos portafolios diferentes: uno seguro y el otro especulativo, con la intención de que en caso de pérdidas derivadas del portafolio especulativo no afecte las ganancias del portafolio seguro. No existe ninguna justificación para perder el dinero propio.
Para evitar la contabilidad mental, los individuos deben considerar al dinero como un bien fungible, es el mismo sin importar su origen o uso. Un bien es fungible cuando es intercambiable por otro bien de la misma clase. Un dólar es intercambiable por veinte monedas de cinco centavos o cuatro monedas de veinticinco centavos.
La Economía Conductual mezcla conceptos de la teoría económica ortodoxa con hallazgos conductuales de la Psicología, aunque existen otras disciplinas con aportes menores como la Sociología, la Antropología Social y la Neurociencia. Los conceptos de la Economía del Comportamiento o Conductual también se aplican en las Finanzas Conductuales. Ambas están interrelacionadas, ya que las decisiones económicas afectan las decisiones financieras y al revés. Esto se evidencia en los sucesos de las grandes crisis económicas mundiales: la Gran Depresión de 1929 y la Gran Recesión de 2007.
En la toma de decisiones financieras, existen sesgos que pueden afectar el rendimiento del portafolio de valores financieros al usar heurísticos (“rule of thumb”), los cuales son atajos mentales que conducen a tomar decisiones rápidas sin tener que examinar con detenimiento los resultados posibles. La heurística del anclaje, por ejemplo, se refiere a la toma de decisiones según un punto de referencia. Un inversionista puede confundirse al valorar el desempeño de su portafolio con instrumentos de renta fija (e.g. bonos) contra un índice no apropiado, digamos el S&P 500 que contiene instrumentos de renta variable (e.g. acciones).
Finalmente, la Economía Conductual puede ayudar en la confección de políticas públicas más efectivas con un pequeño empujón o “nudging”, término acuñado por Thaler en 2008, para empujar a los individuos a tomar decisiones, que involucran un gran esfuerzo pero que pueden producir beneficios a largo plazo. Como él mismo indica, se puede poner la comida saludable como ensaladas en vez de pizzas en la estantería del supermercado a la vista de los clientes. Esto empujaría a los consumidores a comprarla fácilmente y, a la vez, aumentaría las ventas del negocio.
En conclusión, la Economía Conductual nació como un complemento para reforzar la Economía Neoclásica dado los sesgos o prejuicios que tiene el ser humano en la toma de decisiones económicas y financieras.
El autor es Profesor Titular de la Facultad de Economía de la Universidad de Panamá.


