El Duelo
El título puede llamar a la consideración de “uno más”, no obstante, es totalmente pertinente a los momentos que hemos y estamos viviendo; aparte que el duelo, o la pérdida como también se le denomina, es parte de la vida de las personas.
El concepto duelo proviene del latín dolus que significa dolor y hace referencia a ese proceso de adaptación, natural y esperable, que se puede tener ante una pérdida significativa. Se trata de un proceso psicológico y psicosocial. Se puede tratar de la perdida de una persona, o bien de algo que es valioso: trabajo, casa, mascota, otras; donde ciertamente la persona es la que le imprime ese significante particular.
A continuación, señalaremos algunos tipos de pérdidas:
- Pérdida de la vida. Que es aquella donde alguien pierde la vida.
- Pérdidas de aspectos de sí mismo. Tienen que ver con perder aspectos importantes de la persona: partes corporales o físicas, aspectos psicológicos: autoestima, valores, otras.
- Pérdidas materiales. Este tipo de pérdidas incluye: el trabajo, la situación económica, pertenencias y objetos preciados.
- Pérdidas emocionales. Puede tratarse de las rupturas con la pareja o amistades.
- Pérdidas ligadas con el desarrollo. Referentes a pérdidas relacionadas al propio ciclo vital normal, como puede ser el paso por las distintas etapas o edades, infancia, adolescencia, juventud, menopausia, vejez, etc.
Es una breve descripción de lo que puede implicar una pérdida donde claramente es necesario reconocer el dolor y sufrimiento del doliente y evitar las minimizaciones, ridiculización o parches a la herida, que más que ser sanadoras, son dañinas.
Independientemente del tipo de pérdida que se experimente, se va a transitar por diversas etapas, que no son lineales, sino que que se van a dar al ritmo de la persona. A continuación, vamos a describirlas brevemente:
- Etapa de aturdimiento o de shock. Inicialmente, ante la noticia de la pérdida, la persona puede reaccionar con incredulidad, sin poder creer lo sucedido.
- Etapa de Negación. Como lo señala el concepto la persona niega lo sucedido, pensando y sintiendo que todo es irreal, no es cierto. Temporalmente la negación proporciona alivio en torno a la pérdida; sin embargo, no debe extenderse en el tiempo. Se trata de una negación necesaria para poder procesar el dolor de la pérdida.
- Etapa de negociación. Donde la persona hace un análisis, lo más exhaustivo posible, de lo positivo y negativo asociado a la pérdida particular. Se puede sentir irritabilidad, enojo, ira y el buscar culpar o responsabilizar a alguien. Se ponen todas las piezas, o las máximas posibles, de manera que se pueda ver el panorama en su realidad.
- Etapa de resolución. Luego de la etapa anterior, de revisar y negociar los pros y contras, se entra en poder integrar dichos elementos de manera que se llegue a una resolución final. Donde una parte central es reconocer que lo perdido, se fue, que no volverá. Se trata de ingresar todos los datos, de la etapa previa, e ir emitiendo un cierre integral.
- Etapa de aceptación. Se van adaptando nuevos patrones de vida sin el fallecido, y se van poniendo en funcionamiento todos los recursos de la persona. Se empieza a abrirse a nuevas relaciones, al mundo. Es una etapa importante de cierre para poder seguir adelante.
Se ha explicado brevemente las etapas del duelo de forma que les sirva a las personas de guía del proceso que se debe pasar ante una pérdida. No todos los duelos son iguales, ni las personas lo van a manejar de igual manera.
Se considera que una persona tiene un duelo resuelto cuando es capaz de hablar o pensar de la persona perdida o de lo perdido con menor intensidad y dolor, significando que es capaz de disfrutar de los recuerdos sin resentimiento o culpabilidad; hablar de sus emociones con libertad reconociendo que puede haber tristeza, pero sin tanto dolor o angustia. El recuperarse de una pérdida es un proceso dinámico y complejo, donde la persona reporta estar abierto a fluir a la vida, con una apertura a los demás, a sabiendas de que la apertura implica pérdida. Vuelve la esperanza y la alegría.
Todas las pérdidas o duelos son diferentes; pero no todas se van a resolver de una manera normal. Se puede distinguir entre llevar el duelo a un proceso normal o bien patológico, donde la característica distintiva va a estar en la intensidad del mismo y su duración. Algunos duelos pueden tomar las características de ser crónicos, congelados y patológicos.
Como se señaló las etapas no son lineales, no obstante, no por ello, debemos reaccionar como si nada o dejar que el tiempo sane las heridas, ya que hay que estar alertas a factores que pueden hacer más difícil la elaboración del duelo: circunstancias alrededor de la pérdida (pérdida inesperada, muertes traumáticas, pérdidas múltiples, perdidas de un niño, joven), relación con lo perdido (lo que significaba), propia personalidad (pérdidas previas no resueltas, antecedentes de depresión u otro trastorno, falta de habilidades sociales), contexto sociofamiliar (ausencia de red de apoyo social, problemas económicos, hijos pequeños que cuidar). Si hay alguno de estos factores, se debe estar alerta porque el desenlace podría ser perjudicial a la persona.
Una recomendación sana es que, al experimentar una pérdida, tomarse el tiempo para procesarla, sufrirla, vivirla y poder reconectarse a la vida y a los otros.
La autora es licenciada en la Facultad de Psicóloga y docente de la Universidad de Panamá


