El Regreso a Clases Señalamientos desde la Psicología Clínica
En una semana los niños y adolescentes regresarán a clases presenciales, luego de dos años que la pandemia por Covid 19 llevó que se cambiaran las clases presenciales por las virtuales. Es importante recalcar que esto se aplica, mayormente, a los chicos de las escuelas oficales; ya que un grupo de la educación particular, iniciaron el año pasado siguiendo las medidas de aforo y bioseguridad.
Los primeros casos de Covid 19 se dieron a inicios del año 2020 llegando a ser declarada como una pandemia mundial, llevando a sugerir y exigir ciertas medidas de bioseguridad, entre ellas el distanciamiento social que implicó el favorecimiento de las actividades virtuales, como medidas para mitigar el contagio a través de las aglomeraciones. Todas las actividades se vieron afectadas: la industria, las escuelas, y otras. Luego de meses, se fueron haciendo ciertos ajustes y nuevas sugerencias para el manejo de la pandemia. Aquí en Panamá, las diferentes actividades comerciales, siguiendo las recomendaciones, fueron activándose paulatinamente; también se permitió la apertura de las escuelas. Algunas de la educación particular, se prepararon y aprovecharon esa apertura.
En estos momentos persiste algo de resistencia, en diversos grados, al regreso a clases presenciales por parte de los diferentes actores implicados: los chicos, sus padres, los docentes. Es justo y razonable tener algo de ansiedad.
En la consulta se ha observado a un número importante de chicos y chicas adolescentes con quejas en torno a: temor de salir de casa y compartir con otros, miedo al contagio, pesadillas en torno al tema y temor a la muerte. También dificultades relacionadas al manejo de los hábitos diarios: alimentación, sueño y aseo personal.
Frente al panorama actual, luego de lo experimentado, sería importante hacerse algunas preguntas claves que ayuden al manejo de esta decisión básica t¿y necesaria para el y la menor:
- ¿cómo está el real nivel de competencias académicas del menor?
- ¿cómo está la salud mental del menor?
- Como adulto: ¿cómo ha llevado esta pandemia y sus medidas?
La primera pregunta puede ser, rápidamente, contestada en términos cuantitativos y señalar que presenteó y terminó con promedio por arriba del 4.5; ciertamente es un buen promedio. La recomendación es no limitarnos en ese número, por el contrario ver la totalidad del avance del menor: manejo, comprensión y flexibilidad de los contenidos más allá de un “contenido ajustado”.
La segunda pregunta tiene que ver con hacer una evaluación informal acerca del “ajuste emocional” del menor. Es realizar una observación justa de cómo el menor se adaptó, emocionalmente, a la pandemia y como fue evolucionando hasta la actualidad. Muchos chicos reaccionaron con miedo y ansiedad. La respuesta que emitieron, quizás dependió (en gran medida), de lo que observaron de sus padres, familia o cuidadores. Cabe recalcar que se le debe dar la justa consideración a la reacción emocional del menor, evitando minimizarlas; ya que, si se le ignora, puede evolucionar a un trastorno mental, sobre todo en los adolescentes.
El valor de la tercera pregunta está dado ya que es importante que el juicio del adulto no enturbie el del menor. Es decir si el adulto rechaza la idea que el menor regrese a las aulas puede proyectar esa ansiedad al menor. Que el adulto pueda ser un justo referente para la mejor decisión en pro del bienestar holístico del menor.
Se ha considerado la competencia tanto a nivel académico como mental. Ambas son importante. No obstante, como profesional de la psicología se recomienda prestarle una fina atención a la salud mental, ya que cuando está conservada, se tiene el terreno necesario para el mejor aprovechamiento de lo académico, así como de las diversas áreas de la vida del menor.
Algunas recomedaciones que se pueden seguir para el mejor manejo de este regreso a clase serían:
- Desde ya mejorar los hábitos diarios, “como sí” ya las clases hubiesen iniciado; hora de acostarse, de levantarse, toma de los alimentos, otros.
- Hacer una reunión familiar con el niño o adolescente en torno a lo que se avecina en términos de la asistencia a clases y el mantenimiento de las medidad de bioseguridad.
- Hacer a los chicos partícipes, de alguna manera, en la preparación de los materiales necesario para las clases: uniformes, útiles, otros.
- Hacer algunas salidas alrededor de la escuela o colegio; similar a las ejecutadas cuando iban para los maternales.
- Acompañar al chico, independiente de la edad, ese primer día de clases; no es invadirlo o infantizarlo sino que ellos tengan la idea que cuentan con los padres o cuidadores: que están allí.
- Estar prestos para con el menor, que éstos sepan que cuentan con el apoyo y guía segura del adulto o cuidador.
Que lo señalado logre imprimir la idea de lo valioso que es tener salud mental, y de los esfuerzos conscientes que se tienen que realizar para ayudar a los chicos, ante todo, en estos momentos cruciales de su vida. La tarea de regresar a clases es mucho más que eso, es poner en juego la salud mental del menor y su familia, no solo de hoy, sino del futuro.
“La felicidad y la desdicha dependen de cómo afrontemos los acontecimientos, no de la naturaleza de los acontecimientos en sí”. Anthony De Mello (1988).
La autora es licenciada en la Facultad de Psicóloga y docente de la Universidad de Panamá


