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La Psicología Clínica y la Lucha por el “Bienestar Mental” a dos Años del COVID 19

Por: Francisca Domínguez Nuñez | Publicado el: 08 febrero 2022



El interés en estudiar al ser humano ha evolucionado a lo largo de la historia: desde las perspectivas biologuitas, dualistas, individualistas llegando a las más integradoras como la BIOPSICOSOCIAL; donde esta última considera al ser humano como un ser Biológico, Psicológico y Social. El pensar al ser humano bajo las consideraciones Biopsicosociales tiene diferentes implicaciones, como lo que significa “salud”, “normal” o “esperado”. Es así como la Organización Mundial de la Salud define lo que es salud “como el completo estado de bienestar biopsicosocial y no sólo la mera ausencia de enfermedad” y la salud mental, como sigue:

Es “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”, OMS 2011.

Al considerar la salud del individuo invariablemente está implícita la salud mental, por lo que ésta es crucial en la vida de todos, en cada momento y, ante todo, en momentos de crisis como la que se vive por el COVID 19.

La realidad de dos años experimentando la pandemia por COVID 19 ha impactado a todos, de diversas maneras, por ejemplo: económica, laboral, físicamente y otras. Pero un área en la que todos, grandes y chicos, han sido afectados es la mental, de las que se han hecho algunas advertencias, no obstantes hace falta más divulgación y menos estigmatización.

Al iniciar la pandemia el hecho de estar “confinados en el hogar” y por largo tiempo acarreó molestias emocionales (ansiedad) en las personas, ante todo en los niños y adolescentes. Y, así, se reportaron diversas manifestaciones de malestar emocional a medida que iba pasando el tiempo hasta llegar, en estos momentos, a una especie de agotamiento y fatiga emocional.

En la actualidad las medidas iniciales por Covid 19 se han flexibilizado, con la posibilidad, de ser eliminadas en un futuro no muy lejano, no obstante, las personas reportan estar agotadas, cansadas, preguntándose “¿hasta cuándo esto?”. Una sensación semejante a la desesperanza, que es un estilo atribucional tendiente a hacer inferencias negativas de los sucesos vitales negativos. Es necesario advertir que esta forma de manejar la realidad influye en la aparición de problemas emocionales, tales como la ansiedad y la depresión. Realmente la incertidumbre y los mensajes contradictorios representan caldo de cultivo para esa “desesperanza”.

Los momentos actuales nos llama a estar muy atentos al bienestar mental, es decir a nuestra salud mental, que se manifiesta en la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos, con los otros y con las situaciones de nuestro diario vivir. La realidad exige esfuerzos conscientes a invertir en la salud mental y la de aquellos que dependen de nosotros: menores de edad, discapacitados y ancianos. Es una condición individual, sin embargo, como se es parte de una familia es importante trabajar en la salud mental familiar o colectiva.

 

Ante lo señalado nos preguntamos, ¿qué podemos hacer para contrarrestar alguna posibilidad de consecuencias negativas en nuestra salud mental individual o familiar? Al respecto nos parece pertinente considerar lo siguiente:

  • Tomar control mediante la organización y planificación hogareña:
    • Rutinas, horarios, dieta, actividad física, pasatiempos constructivos, trabajo en equipo dentro de la familia y otros.
  • Mantener abiertas las líneas de comunicación con las personas de referencia tanto el interior como exterior de la familia (familiares, amistades y conocidos)
    • Ser observadores o estar muy alertas a esos comportamientos de niños y adolescentes: si ingieren sus alimentos o no, si salen de sus habitaciones y comparten, las horas que descansan, su aseo personal y motivación por salir de casa y compartir con otros.
    • En caso de adultos: la motivación por asistir o realizar las tareas laborales y el querer compartir con otros.
  • Reconocer y aceptar nuestro nivel de involucramiento frente a lo que está sucediendo; y de ser necesario hacer ajustes. Adaptarse a los cambios.
  • Buscar ayuda profesional de ser necesario.
    • Dejar atrás esos mitos e ideas irracionales donde el solicitar ayuda psicológica significa debilidad, locura o bajeza. No es necesario presentar una necesidad concreta para asistir a una consulta de salud mental. El momento es oportuno para hacer más activo en el cuidado y búsqueda de nuestro bienestar emocional. No hay que esperar estar “al tope emocional” para buscar ayuda; en la vida diaria se dan situaciones que exigen equilibrio emocional para su adecuado manejo.

Al iniciar la pandemia se planteaba lo importante que era el ser solidario con el otro, de igual manera, un buen aprendizaje o hábito que deberíamos fomentar es el cuidado activo de nuestra salud mental individual y colectiva o familiar. Los beneficios van a ser enormes, tangibles e intangibles, a corto, mediano y largo plazo.

Referencia Bibliográfica

Organización Mundial de la Salud (OMS).  2011.

La autora es Docente de la Facultad de Psicología de la Universidad de Panamá

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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