El Rol del Docente frente a la Aplicación del Enfoque Basado en Competencias a Nivel Superior
(PARTE DOS)
Como bien anunciamos en nuestro primera edición y publicación del artículo referido, con fecha de noviembre 2020, escrito que constará de tres (3) versiones. Ahora nos toca atender su segunda edición y más oportuna no puede ser, con las recientes publicaciones y comentarios que ha dado a lugar, una supuesta encuesta sobre el estado de la educación en Panamá.
En nuestra primera entrega del precitado tema sugerido “El rol del docente frente a la aplicación del enfoque basado en competencias a nivel superior, entre varios temas, nos enfocamos en matizar que “El enfoque de las competencias incide de manera importante en la actividad docente en las instituciones de educación superior la responsabilidad de los docentes no solo se está ampliando, sino que se está redefiniendo ante los desafíos del nuevo orden”. Esto es así, en gran parte, por las grandes transformaciones que conlleva procesos industriales enmarcados en la Revolución Industrial 4.0 y la Revolución Digital 1.0 y como bien advierte Zygmunt Bauman (2008), en su modernidad líquida que, según él, “en este orden nuevo, la vida “se acelera” por la necesidad, casi obligación, de aprovechar tantas oportunidades de felicidad como sea posible, cosa que nos permite ser “alguien nuevo” a cada momento”. En otros autores agrupados dentro de la Escuela de Frankfurt, es una expresión de un mundo que es relativo de acuerdo al placer o bienestar de cada individuo de acuerdo a sus propios interés o motivos dejando a un lado, la colectividad de valores consensuados como normas a cumplir en una sociedad moderna.
En diciembre del 2019, antesala de una pandemia que conllevaría grandes cambios abruptos para cada nación de nuestro planeta tierra, se informó sobre los resultados de una encuesta que de alguna manera intenta exponer los indicadores de logros en término de competencias educativas de la población escolar panameña en general. La misma, según sus interlocutores, daban como resultados carencias en determinadas áreas del currículo formativo. Recientemente, resurgen las mismas falencias académicas que se anunciaron en diciembre del 2019, con la que se vuelve a informar en diciembre del 2021, en donde en grandes titulares, en boletines informativos, sean impresos o digitales, se anuncia que la educación en Panamá, se encuentra en sus niveles más bajo, aspecto curioso que fue igualmente dicho en fechas anteriores y en donde muchos panameños, asumen como tal lo dicho sin advertir en qué colegios particulares u oficiales sirvieron como muestra para la aplicación de las pruebas. Sin embargo, desde la postura del sentido de ser y hacer del enfoque por competencias, los currículos de los sistemas educativos sean oficiales o particulares, pareciera, según sus predictores e indicadores de logros de aprendizaje, no son correspondidos de forma coherente entre el currículo, los contenidos, las actividades, situaciones de aprendizajes y los momentos de la evaluación. Todo esto, claro, desde su tratamiento de temporalización de cada tema, módulo o unidad, que puedan dominar los estudiantes como reflejo de competencias adquiridas para verse correspondida con las mentadas pruebas. Al menos éstos son los reflejos de resultados enunciados.
Por otra parte, las evidencias que a lo largo de todos estos años en las cuales se han aplicado estas pruebas, en término de resultados, no han variado para reflejar posibles sesgos en la adquisición de competencias (habilidades, destrezas, inteligencias, actitudes, aptitudes para ser, hacer, saber hacer y hacer en contextos), ya que deben al menos orientar para poder unificar logros de aprendizajes que puedan estar correspondidos con pruebas que desde su concepción técnicas, sean estandarizadas y contextualizadas.
Estas ideas nos obligan a recurrir a referentes conceptuales consultados de una variedad de bibliografías que en su extenso análisis podemos incurrir en soslayar algunos autores sin que, con ellos, no se reconozca su aporte teórico en los específicos de lo que rodea o permea a todo sistema educativo; Es decir y retomando nuevamente lo expuesto por Guzmán J. C. (2011), “la formación basada en competencias en su sentido estricto, no debería dedicarse exclusivamente al fomento de las habilidades técnicas y a la educación centrada en el trabajo, o sea, el saber hacer sin condición de identidad. Lo contrario, en Bauman, Z (2008), saber hacer con identidad, en la construcción no es más que la recuperación, la noción de conocimiento de la verdad útil para toda la vida contrario a la cultura del despojo o el desecho.
En la génesis del escrito que publicamos en noviembre del 2020 y que da a lugar la segunda versión con las ideas de una tercera que debe exponer principios de procedimientos en el abordaje de la propuesta objeto de nuestros escritos, debemos recalcar el apoyo que nos permitimos extraer al citar a varios expertos que en lo propio del actual escrito, nos ofrece una coherencia de ideas cuando nos permitimos recurrir a Bozu y Canto (2009), que desde nuestro análisis observamos concordancias sobre la definición que Bauman (2008), clarifica como la identidad y la noción de conocimiento. En consecuencias, podemos colegir que los sistemas educativos y, sobre todo, en el nivel superior, en esa necesidad “de recuperación de la noción de conocimiento de la verdad útil para toda la vida”, más que transmitir abundante información, debemos generar el desarrollo de competencias como garantía para que los sujetos puedan seguir” aprendiendo a lo largo de su vida y se desempeñen de manera pertinente y satisfactoria en el mundo cambiante y compleja”. Esta aseveración nos sugiere, que no podemos ni debemos enfocar nuestra formación en términos de responder a pruebas que no están estandarizadas y contextualizadas al currículo real que se desarrollan en cada comunidad escolar. No obstante, no se debe descuidar los posibles desaciertos que históricamente muestran nuestros estudiantes y profesores para abordar las enseñanzas y los aprendizajes en término de habilidades para pensar.
Las actuales circunstancias coyunturales como muchos autores consultados ya lo han matizado, debe ser abordado desde una condición compleja en la cual no se debe ni debemos asumir buscando siempre un “chivo expiatorio”. Las responsabilidades recaen en casi todos los colectivos de una sociedad. Asumir que los resultados de una prueba sean definitivos para atentar contra la identidad y autoestima de todos los panameños, es desconocer, los grandes desarrollos que se están logrando con la excelente formación y disposición profesional de panameños muy bien formados en nuestras universidades nacionales.,
Si bien es cierto, se demanda según Bozu y Canto (2009), “la necesidad de definir un nuevo perfil docente que garantice un desempeño profesional eficiente, eficaz y satisfactorio”, no es menos cierto, que las influencias de grandes procesos científicos y tecnológicos que nos viene de la mano de la Revolución industrial 4.o y la Revolución digital 1.0, generan una complejidad que bien remarca Guzmán, J. C. (2011), “Sin duda, se requiere de un cambio profundo en las formas de enseñar, para ayudar a los estudiantes de educación superior a comprender los fenómenos de la misma manera como lo hacen los expertos en cada disciplina. Esto enmarca la preocupación de que las universidades mejoren sus formas de enseñar, reconociendo la escasez de trabajo acerca de cómo hacerlo y agravado por el hecho de que en las universidades se valoren el binomio entre la investigación y la enseñanza.
La formación bajo el prisma del enfoque por competencias dentro de los contextos en las cuales se mueven los sistemas educativos y sobre todo en el nivel superior, dentro de esa hermenéutica, deben a nuestro entender apuntalar a situaciones como; entender la educación en los distintos momentos y a lo largo de la vida desde una óptica de pérdida de la identidad por el puro instante, en un lanzar y sustituir ahora y ya mismo.
Las vivencias que cotidianamente nos estamos enfrentando en las aulas universitarias, denotan en muchos casos, las expresiones de “conductas escurridizas” tanto de estudiantes como de profesores ausente ante la consolidación de una identidad académica del actuar dentro de la formación de la carrera. Así también, la educación sincrónica a asincrónica en tiempos de pandemia, para autores como Bauman (2008) y Sherry Turkle (1997), “la vida en la pantalla”, sugiere la idea de una conducta que nos provee el internet, “deja al descubierto lo ilusorio de atribuir identidad, en el sentido de pretender totalizar y dotar de una identidad a la persona”. Entender que, en el claustro universitarios, en tiempos de pandemia, se ha hecho más evidente la “multiplicidad de identificaciones parciales, lacunarias, que se reemplazan, se desplazan y se articulan de manera desigual y combinada”. Muestra de ello, la poca seriedad con las cuales estudiantes y profesores manifiestan el abordaje de sus estilos de enseñanzas y de los resultados de aprendizajes. En el presente año, continuidad de la modalidad formativa mal llamada “virtual” en muchos cursos o asignaturas, por la manera como la bordan, fue el resultado de denuncias que elevaron a instancias competentes estudiantes de universidades particulares en las cuales se permitieron señalar en diarios de la localidad, inconformidades sobre los modelos de tratamiento curricular, temporalizaciones de cuatrimestre a módulos, atención de los cursos (un mismo profesor para todos los cursos de diferentes áreas de conocimientos entre otras anomalías).
Definitivamente, que según Maldonado (2010), asumir una propuesta de innovación curricular dentro del enfoque por competencias implica que se debe asumir un diseño curricular que conlleve al dialogo con el debido compromiso político, cultural y tecnológico, pues en él se definen los contenidos y conocimientos de una comunidad académica, la formación del relevo profesional y en general la construcción del sujeto ciudadano. Pero, estos supuestos del autor referido, dentro de la visión de Bauman (2008), la fragmentación, como lógica de los actuales momentos, produce otras ilusiones. A manera de ejemplo, cada vez el currículo escolar se fragmenta por las incidencias de sectores sociales, económicos, religiosos y culturales que apelan a que su eje de interés histórico sea atribuido como una asignatura más dentro del menú curricular.
El tratamiento de una propuesta curricular enmarcado dentro del enfoque por competencias y las consideraciones de los actuales procesos científicos y tecnológicos, demanda que la cultura del presente urge a reinventarse de modo continuo y nos obliga a considerar todo lo relacionado con las teorías de las emociones, de manera tal, en Bauman Z, (2008), “la sucesión inagotable de renaceres nos está llevando a un abanico consumista compulsivo”. Por ello, nuestras reflexiones que no más que las influencias adquiridas por madurez intelectual como resultado de una formación de hogar y escuela, me permiten coincidir con una premisa dada por unos de nuestros autores citados “Repensar la educación que nos oriente a variar un escenario que no sea exclusivamente económica o economicista, coadyuvando en el logro de poder que tiene la necesidad educativa apuntalando y aportando sus saberes y quehaceres a la edificación de una nueva ciudadanía, situada fuera de la trampa economicista”
En nuestra próxima publicación, expondremos principios de procedimientos curriculares en el abordaje de una propuesta curricular contextualizadas bajo el enfoque por competencias.
Bibliografías Consultadas.
Guzman, J.C (2011); La calidad de la enseñanza en educación superior. Sitio Web Scielo.
Maldonado, M.A (2010): Curriculum en un enfoque por competencias. Ed. Ecoediciones. Colombia
Turkle S. (1997): La vida en la pantalla. Construcción de la identidad en la era de Internet. Paidos, Barcelona-España. 1997.
Zygmunt Buaman (1998): La Globalización. Consecuencias humanas. Ed.diegoan. ePub r1.o
Zygmunt Bauman (1999): La cultura como praxis. Ed. Diegoan, ePub. R1.o
El autor es Doctor de la Facultad de Ciencias de la Educación


