Influencia árabe en el español
En el primer período de la conquista, los árabes mantienen sus costumbres nómadas y se establecen en las campiñas actuando como portadores de su cultura y lengua. Sin embargo, no todos tenían una vida nómada. Había entre ellos los que fueron vecinos de La Meca y demás ciudades de Arabia bajo la república mercantil de la tribu Qurais, que se dedicaban a oficios sedentarios y al comercio. Como la vida urbana estaba arraigada en al-Ándalus ya desde épocas prerromana y romana, los árabes, con su facultad de adaptarse y apoderarse del patrimonio cultural de las tierras conquistadas, convierten estas ciudades, en focos de una brillante civilización.
Para algunos entendidos, lo que otorga su riqueza y complejidad a la imagen del islam en España es el hecho de ser parte sustancial de la cultura española Esto no quiere decir, por supuesto, que la coexistencia de musulmanes, cristianos y judíos en el Al- Ándalus no haya sido conflictiva. Aun así, desde el primer contacto entre los habitantes autóctonos de la Península Ibérica y los árabes y bereberes se inició un proceso de transculturación, ya que la contribución de los invasores afectó todos los órdenes de la vida en el Ándalus, no solo política, sino también social y cultural.
El entrelace cotidiano de los hispanos y los árabes y bereberes islamizados en al- Ándalus condujo a un intercambio cultural y motivó a los hispanohablantes a tomar palabras directamente de sus conciudadanos. Estos préstamos lingüísticos se deben en primer lugar al hecho de que el romance no disponía de vocablos para una multitud de nuevos conceptos introducidos con la nueva cultura y nuevos hábitos. Por lo demás, el idioma árabe era el principal exponente de una civilización más avanzada que la de la Europa cristiana y, por tanto, gozaba de gran prestigio. Los mozárabes que encontraban refugio en los reinos del Norte fomentan la propagación de los arabismos y con el avance de la Reconquista, ese “motor ideológico” de los dirigentes de los reinos cristianos que culminó con la restauración en 1492 de la España “perdida”, se abrió una vía más para su penetración en el castellano.
De acuerdo con R. Minic – Vidovic (2006) la mayoría de arabismos pasan al romance por vía oral y este no disponía de equivalentes de fonemas árabes, dichos fonemas tenían que adaptarse a las posibilidades fonéticas del romance. La reproducción de fonemas árabes en el romance se ha dado en forma siguiente:
- Las fricativas dentales árabes /s/ y /z/ se sustituyen por las africadas romances /ts/ y /dz/ cuya grafía en el español antiguo era ç, c y z, las cuales llegan a ser el interdental en el español moderno. Por ejemplo: sékka > ceca, safunariya > çahanoria > zanahoria.
- Las velares y laríngeas árabes se reemplazan por la /h/ cuya grafía era f. Por ejemplo: ?inna > alfeña (y luego alheña), ?anbal > alfamar (y luego alhamar). Estos fonemas árabes se reproducen asimismo como las velares /g/ y /k/ romances: šaix > xeque > jeque, o son suprimidos por completo: tarí?a > tarea El ?ain se suprime también: ?arab > árabe.
- Las palabras árabes que terminaban en una consonante labial o velar o en /t/, / ?/ o /?/ para los hablantes del romance eran impronunciables. Esta dificultad se resolvió añadiendo la /e/ final: ?airf > alarife, ?anbíq > alambique, reproduciendo estos consonantes como alveolares o dentales: mu?tasáb > almotacén, rabâb > rabel o simplemente omitiéndolos: rabâb > rabé. Cuando las palabras árabes terminaban en un grupo de consonantes, los hablantes del romance les añadían la /e/ final o una vocal anaptíctica: ?ard > alarde, rahn > rehén.
- Los sustantivos y adjetivos árabes que terminaban en vocal tónica o habían perdido la consonante final que la seguía eran extrañas en el romance puesto que las formas con vocal tónica al final se daban solo en conjugaciones (cantó, salió). Esta confusión se resolvió mediante el paragoge de una consonante: kirâ? > alquiler, qabâ? > gabá. No obstante, la -í se mantiene: ?abalî > jabalí
- La [w] árabe que precede una sílaba se reproduce como /g/ + [w]: wazîr > alguacil, como /?/: karawân > alcaraván (Penny, 1991: 222) o se conserva cuando pasa al segundo lugar en la sílaba al desaparecer la vocal que la precedía: diwân > aduana.
La mayoría de los arabismos españoles (incluyendo varios topónimos) comienzan con el artículo árabe definido al- o a- cuando la l- es asimilada a la primera consonante del vocablo que sigue. Este artículo árabe, el cual normalmente precede los sustantivos sin importar su género o número, tiene un valor determinativo, demostrativo y presentativo o enfático). Al pasar al español en forma aglutinada pierde su valor de artículo y por ello los sustantivos españoles precedidos por al- o a- llevan normalmente el artículo romance. Por analogía con los arabismos a vocablos españoles de otro origen a veces se les antepone al- o a- protéticos: (lat. mina > almena) o se introduce /l/ epentética en la sílaba inicial (am?dd?la > almendra) o /l/ se introduce en esta sílaba en vez de otra consonante implosiva (*admordiu > almorzar).
Cabe destacar, que la influencia cultural y lingüística árabe en España se mantiene en auge hasta aproximadamente el siglo XI, cuando se introduce el mayor número de arabismos en el castellano. Su decadencia comienza a evidenciarse durante la Baja Edad Media, proceso que culmina con la caída de Granada, y el Renacimiento eclipsa por completo su prestigio. En este período muchos arabismos fueron sustituidos por cultismos y extranjerismos de lenguas europeas y con la expulsión de los moriscos varios vocablos de origen árabe quedaron relegados al olvido.
Actualmente, el español se ha convertido en una de las lenguas de comunicación y cultura más importante con más de 400 millones de hablantes repartidos por todo el mundo, aunque especialmente en América. Más que del español habría que hablar de las variantes del español: variantes geográficas (español meridional, español septentrional, español de América) o variantes sociales (nivel culto, nivel vulgar, nivel rural), aunque el español es una de las grandes lenguas que mejor conservan su unidad.
No debemos soslayar que el desarrollo de la Internet y los medios masivos de comunicación han contribuido al proceso de globalización uno más patente en el que el conocimiento estaba a una mayor disposición. Esto ha permitido la integración a la lengua española de una gran cantidad de palabras extranjeras provenientes de idiomas tan distintos como el ruso o el japonés.
*La autora es magíster en Lingüística aplicada con especialización en corrección de texto y docente de la Facultad de Humanidades.


