Obesidad problema que ha afectado durante la Pandemia
La obesidad es una enfermedad que consiste en una acumulación de grasa excesiva, no es solo un problema estético. Es un problema médico que aumenta el riesgo de enfermedades y problemas de salud, tales como enfermedad cardíaca, diabetes, presión arterial alta y ciertos tipos de cáncer. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud.
Al respecto, la Caja de Seguro Social (2019) La obesidad es considerada como un problema de salud global, el cual se ha ido incrementado en los últimos años, prueba de ello, los informes revelados en el Censo de Salud Preventiva destacan que un 46 % por ciento de la población panameña, que supera los 40 años, padece algún grado de sobrepeso u obesidad.
Para desarrollar la obesidad es necesario el efecto combinado de la predisposición genética a este trastorno y la exposición a condiciones ambientales adversas. Los factores genéticos rigen la capacidad o facilidad de acumular energía en forma de grasa tisular, y menor facilidad para liberarla en forma de calor, lo que implica una elevada eficiencia energética del obeso.
Se produce porque a largo plazo el gasto energético que tiene el individuo es inferior a la energía que ingiere, es decir, existe un balance energético positivo. La influencia genética se asocia a condiciones externas, como malos hábitos dietéticos y estilos de vida sedentarios.
La obesidad constituye un problema de salud pública que se ha calificado como la “epidemia del siglo”, a la que se ha destinado una gran cantidad de recursos económicos y humanos para su manejo, control y prevención. De acuerdo con datos de la OMS, hace diez años había en el mundo un aproximado de 330 millones de adultos obesos; en 2005 alcanzó los 400 millones de personas, y se calcula que para el año 2025 habrá por lo menos 2,300 millones de individuos con sobrepeso y más de 700 millones con obesidad.
La alimentación equilibrada es importante para la pérdida de peso y el mantenimiento. Las estrategias incluyen: comer porciones pequeñas y evitar o elegir con criterio las colaciones, reemplazar los azúcares refinados y los alimentos procesados por frutas y verduras, reemplazar los zumos o refrescos con agua, limitar el consumo de alcohol a niveles moderados, incluir productos lácteos sin grasa o con bajo contenido de grasa, que son parte de una dieta saludable y ayudan a proporcionar una cantidad adecuada de vitamina D.
Actividad física: el ejercicio aumenta el gasto energético, el metabolismo basal y la termogénesis inducida por la dieta. También parece regular el apetito para ajustarse mejor a las necesidades calóricas.
Otros beneficios asociados con la actividad física incluyen: Aumento de la sensibilidad a la insulina, mejoría del perfil lipídico, disminución de la presión arterial, mejoría del estado físico, mejoría del estado psicológico, disminución del riesgo de cáncer de mama y colon y aumento de la expectativa de vida los ejercicios, incluidos los ejercicios de fortalecimiento (resistencia), aumentan la masa muscular. Como el tejido muscular quema muchas más calorías en reposo que el tejido graso, el aumento de la masa muscular produce un incremento duradero del metabolismo basal. Es más fácil mantener una actividad física que sea entretenida y que el paciente pueda disfrutar.
La autora es Estudiante de Periodismo


